Movimiento libre


Lo primero y más importante, es asumir que cada niño o niña se desarrolla a su ritmo. Los hitos se van adquiriendo a medida que se desarrollan, pero no se puede hablar de edades exactos.

Emmi Pikler, después de muchos años de estudio, entendió que el bebé es capaz de desarrollarse de manera autónoma y que los adultos no deben impedir que el niño o la niña realice ningún movimiento.

“El bebé es un ser capaz de desarrollarse de forma autónoma y las diferentes fases del desarrollo motor se dan cuando el bebé está preparado para ello, sin la ayuda del adulto”

Por lo tanto, no debemos retener a los bebés, ni forzarlos, ni tenerlos todo el día en la misma postura, en la cuna o en una trona, debemos dejarlos que experimenten ellos mismos, tumbarlos en el suelo y que tengan la libertad de movimientos que tanto desean. Nosotros, los adultos solo tenemos que facilitar esos movimientos, acompañarlos y alegrarnos con todos los logros que el pequeño va realizando.

Es importante la visión de un bebé libre y autónomo, que siente la necesidad de moverse, de descubrir, de tocar, de experimentar, de aprender… que tenga un mayor control sobre su propio cuerpo, vaya conociéndose a sí mismo y el entorno que lo rodea.

Para terminar, el adulto debe facilitar esta libertad de movimientos:

  • Con un espacio amplio y sin peligros.
  • Ropa cómoda que les permita moverse y realizar distintos movimientos.
  • Sin zapatos, los niños y niñas reciben información sensorial a través de los pies por eso es importante que estén libres y puedan sentir.

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